El impresionante Sahara se abre ante nuestros ojos. El día comienza muy apresurado por los organizadores que ya empiezan a recoger desde las 5:30 de la mañana. Casi antes de salir de nuestros sacos, las casetas ya están desmontadas. Hay que pensar que se tiene que montar y desmontar todo en otro lugar. Pero bueno, ese detalle no nos importa… hoy. Los próximos días, cuando vengan a despertarnos con prisas y quitándonos las casetas, ya les diremos un par de cositas. En cuanto a los preparativos antes de la primera etapa es una mezcla entre inseguridad por llevarlo todo y ganas de salir a correr. Lo primero que debemos hacer es ir a recoger el agua de esta etapa. Un camión en el centro del campamento reparte a todos los participantes miles de litros para que no falte. Un par de abracitos de macho alfa con sus amigotes también se lleva en estos momentos. Parece que estamos preparando una batalla y queremos que nuestros compañeros de armas sepan que estamos ahí pase lo que pase. Un poquito de ánimos, unos últimos arreglos de correas en las maletas y a la línea de salida
Lo primero que ves en el arco de salida son unas dunas que ayer no eran tan grandes, que ayer no era tan lejos y que ayer eran bonitas. La verdad es que son un espectáculo de la naturaleza. Una serie de montañas de arena, movidas por el viento que se levantan imponentes ante kilómetros y kilómetros de llanuras pedregosas. Son bonitas sí, pero un ratito. Es hora de empezar a correr y nuestra primera etapa tiene entre los 15 primeros kilómetros, 12 de “hermosas dunas”. La llegada al primer control en el kilómetro 15 recogía un sentir generalizado: La dureza extrema de tantas dunas, tan grandes y en la primera etapa. Se han hecho interminables y muy agotadoras para la mayoría de los corredores. Las caras y los comentarios de muchos españoles predecían que nuestros chicos no lo iban a pasar del todo bien.
El caso es que la llegada al primer control no fue mala. Es verdad que partimos con la idea de ir tranquilos, recogiendo sensaciones y poniendo en marcha la maquinaria. Tal y como pasó en la Transalpine, las ultratrails hay que tomarlas con calma. Son muchos los que “pinchan” en la primera etapa por el ansia del primer día. No importa cuántos corredores nos adelanten o cómo de rápido vaya tal o cual corredor. Es muy difícil mantener tu ritmo cuando te adelanta gente de menos nivel o que sabes que van a caer tarde o temprano, pero se ha de tener la cabeza fría y seguir el ritmo pactado.
Efectivamente, la estrategia va saliendo bien, mantenemos el tipo y parece que vamos ganando ritmo a medida que avanza la etapa. La llegada al segundo control ya se hace con mucha más soltura. No hay comparación con el primer tramo. Esta vez no hay tanta arena y podemos correr un poco más ligeros. Por lo pronto, el peso de la maleta nos respeta y parece que ella nos quiere y nosotros la queremos a ella. No le ha pasado lo mismo a nuestro compañero Juan Antonio, de Sevilla. Se le rompió la maleta en los primeros kilómetros y tuvo que correr casi 20 agarrándose la maleta para que no se abriera. Esperemos no vernos en alguna como esta más adelante.
La llegada a la meta resultó un poco más dura pero con buen ritmo. El último tramo nos trajo otra ración de dunas calentitas, recién salidas del mismísimo infierno. Pero el calor no fue lo único que nos acompañó este último tramo. La brisilla que se levantó a principio de la etapa, se convirtió en huracán de fuerza mil para nuestro equipo. Vale, estoy exagerando, pero cuando te esté dando durante varias horas la arena a toda velocidad en toda la cara, verán que es cuanto menos irritante. En las fotos se puede comprobar que el viento jugó malas pasadas a todo el mundo y, con arena suelta, se convierte en un enemigo muy potente.
Salvo esos ligeros contratiempos, hay que decir que todo ha salido a la perfección. Tenemos el ánimo por las nubes y hemos escapado de algunas “triquiñuelas” del destino que sí han afectado a nuestros compañeros españoles. ¿Os acordáis cuando a Quique le dio la gastroenteritis en la TAR? Pues hoy le ha pasado a uno de nuestros compañeros españoles. La verdad es que se nos ha venido a la mente lo mal que lo pasamos. No queremos volver a vivir esos momentos de flaqueza y deshidratación. La verdad, es que la Maratón de Sables no es ninguna tontería, pese a haber pasado la etapa con éxito, hay que destacar que otros no han tenido la misma suerte. Alguno incluso, ha usado el helicóptero para ser evacuado de emergencia. Por tanto, tranquilidad, cabeza fría y a tope con la etapa de mañana.
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