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Comienza el día de la etapa más dura de la competición. Una etapa doble deja un ambiente de nervios en el campamento. Parece que todos están mentalizados y dispuestos a sufrir, porque van a sufrir. Cuando alguien te dice que lo ha pasado mal en una etapa o que ha tenido momentos de bajón, no tienen nada que ver con lo que van a pasar estos valientes en estos dos días. Se trata de llevarse hasta límites que nunca han explorado. Hasta el extremo máximo de resistencia de nuestro cuerpo que, al fin y al cabo, es una máquina que trabaja con combustible y se dirige con nuestra mente. Hoy necesitaremos más madera para que la máquina exprima hasta la última unidad de potencia. Debemos mantener la máquina funcionando pero nuestra mente lúcida para resistir las dificultades que surgirán.

Nada mejor para añadir más madera a nuestra caldera que unas palabras de Chema. Hoy se ha paseado por todas y cada una de las casetas para desearles suerte a todos los españoles. Un abrazo potente, unas palabras de aliento y algunos consejillos de alguien que sabe un poco de esto. Él salió 3 horas más tarde que la primera oleada de corredores para que la carrera pueda quedar un poco “compensada”. Los 50 primeros salieron a las 11:30 mientras que el grueso de corredores lo hizo a las 8:30 de la mañana. Toca ir a la línea de salida, los corredores profesionales se acercan para darle ánimos al resto.

La etapa de hoy ha sido un auténtico infierno. Para todos, desde el primer corredor profesional, hasta el último que aún falta por llegar. Cuando escribo estas líneas aún hay corredores que llevan en esta etapa más de 25 horas y todavía no han llegado. Son los 84,3 Km más duros del mundo para nuestros corredores. Vienen de hacer 3 etapas muy castigadoras y han tenido que soportar 21 horas de carrera. El calor asfixiante ha llegado en algunos momentos del día a superar los 40° C de temperatura. La mayor parte de la etapa ha sido por arena, donde el correr es muy difícil y los pasos que dan parecen no salir rentables. Además, ha habido numerosas subidas que han dificultado aún más, si cabe, la larga travesía.

En un principio se esperaba hacer bastantes menos horas, como unas 18 o 17, pero no se esperaba una etapa con tantas dificultades. A priori, podemos pensar que 84 kilómetros, yendo tranquilos estaban controlados pero luego hay que ponerse a correr esos particulares kilómetros. La distancia entre puntos de controles y recogida de agua se antojó extensa. Hubo momentos que el agua que recibías no daba para llegar al siguiente Check Point. La lucha con las ampollas es lo más duro de todo. No poder apoyar el pie en cada paso merma la moral de todos los atletas. Las espaldas y los trapecios se resienten cada vez más, ya aparecen contracturas permanentes, el peso de la maleta no da tregua.

Una de las cosas que más impresiona de esta competición es observar a los profesionales, los ves durante toda la etapa corriendo a tope, en el kilómetro 20 y en el 73, da lo mismo, van muy muy enchufados. Sabiendo que los nuestros van tranquilos y sobreviviendo, te da por pensar, que le puede pasar por la cabeza a los marroquís que encabezan la etapa o al mismo Chema. ¿Cómo es posible que vayan tan rápidos, durante tantísimos kilómetros y en las condiciones más duras que pueden existir?

Cuando ves llegar a un tipo tan transparente como Chema a la meta de una etapa de este tipo, entiendes que se ha vaciado por dentro, que no le quedan fuerzas para andar. Es como si el paso por el arco de llegada desconectara todos sus sistemas. Incluso él se da cuenta que ya no le queda nada dentro en ese mismo instante. Asusta verlo tan, tan cansado. Se marea, trata de aguantarse en pie y de dejar los ojos abiertos. La verdad es que preocupa mucho verlo en ese estado, pero luego te sonríe y te dice que “lo he dado todo, estoy muy contento”. Con eso me quedo.

Aprovecho que todavía le quedan 13 horas para llegar al equipo Forward para acompañarlo a descansar. Claro que la organización le tenía preparado un control por si no había tenido suficiente. A duras penas avanzamos hasta la tienda y con la poquita energía que le quedaba empieza a sacar una por una las cosas que tiene que llevar en la mochila. Se la pesan, le hacen recuento de calorías restantes, le cuentan las camisetas que lleva, el dinero, el pasaporte… todo. Aquello parecía una especie de atraco pero de buen rollo. Salvo que Chema no estaba para estar aguantando tanto interrogatorio, él no. Tal vez otros participantes merezcan mucho más un control de este tipo, ahí lo dejo.

Todo sale favorable para él, lógicamente. Le acompaño hasta la tienda del teléfono, donde llamará a su mujer para que se quede tranquila, son momentos de intimidad y nos despedimos hasta el día siguiente. Me quedo intranquilo pero es que no soy consciente de que he estado con el mejor atleta español de todos los tiempos, no hay nada de lo que preocuparse.

Sigue entrando mucha gente al campamento, las luces de los frontales se ven a lo lejos, muy a lo lejos, como una serpiente en la oscuridad del desierto. El campamento está situado en una llanura que no llegas a ver el final. De hecho, por la tarde cuando volvía en el todoterreno, el campamento aparecía y desaparecía en la llanura, el efecto “mirage”. Las ondas de calor lejanas ocultan como un espejismo cualquier cosa, incluso las montañas. Pues ahora imaginaros de noche, con un frontal que no alumbra más de dos metros por delante de ti y viendo a lo lejos una luz que parece ser la llegada. Es una de las cosas que más han calado en todos los corredores, “es un bajón de moral ver el campamento aparentemente cerca y después de 2 kilómetros sigue en el mismo sitio, pero es que después de 10 kilómetros sigue igual…” algunos decían que “¡estaban moviendo el campamento hacia atrás mientras nos acercamos!”

El caso es que este bajón moral se produjo en exceso en la carrera. Sobre todo en nuestros compañeros de fatiga. Cuando corres una hora después de currar te planteas abandonar 57 veces, cuando corres durante 21 horas… saquen las cuentas. Todos han tenido tendido momentos de este tipo constantemente pero entre los compañeros se apoyan, se gritan y se animan a continuar. Pero lo de ayer llegó a extremos muy fuertes. Hubo muchos lloros, ganas de mandar todo a la mierda y volver a casa. No voy a decir nombres porque así lo hemos decidido, no hace falta, solo quiero que entendáis que se llega a situaciones muy límites. En algunos momentos, algún compañero llegó a delirar sobre cosas, a hablar sin sentido. Eso asusta. Ruymán lo asemejaba a un amigo cuando va muy borracho y hay que llevarlo a casa. Es muy duro levantar a un compañero del suelo, que no quiere moverse más, que quiere tirar la toalla y abandonar. Esta carrera demuestra el espíritu Sables, nadie se puede quedar atrás, ya acordaron terminar juntos cada etapa y así debía ser.

Eso sí, llega un momento en el que se juega con la vida de una persona, estas no son situaciones para tomárselas a broma. Cuando una persona se deshidrata, sufre mareos o se desmaya, la cosa se pone seria. Uno de nuestros españoles más fuertes, del que ya os he hablado en anteriores post, Juan Antonio, ha sido retirado de la carrera por los médicos. No le han permitido continuar en su estado. A pesar de haberle metido suero en vena un par de veces, no se recuperaba y vomitaba. Incluso hubo que hacerle un electrocardiograma según nos cuentan desde el departamento médico para descartar posibles daños mayores. A estas horas ya está camino de Ourzazate porque no puede continuar en el campamento, se lo llevan rápidamente. Es curioso ver retirar a un participante, te quitan el dorsal y luego se quedan con tu maleta. Muy duro ver a un roble de tío sin nada, como si estuviese desnudo, con la cara descompuesta. Qué conste que lo habíamos visto en los primeros kilómetros muy bien, como demuestran las fotos, pero parece ser que esto de la deshidratación te llega por sorpresa. Esto no se entrena, debes conocerte a ti mismo para saber dónde están tus límites. Aunque a veces hay que llegar a la línea roja para darte cuenta.

En definitiva hoy ha sido un día de tristezas y de valorar lo que estamos consiguiendo. Hemos superado la parte más difícil… Mañana una maratón (42 kilómetros), por el desierto, a 40 grados, de tranqui, de buen rollito, suave, pa las risas…

Desde mi persona y con dos horitas de dormir, me despido, hoy ha sido un día largo, muy largo, ¡tan largo que ha durado dos días! Disculpen mi literatura de estos posts pero voy tan cansado que ni reviso, ni leo lo que escribo. De mi cabeza al ordenador.

Sigan mandando mails que a los chicos les hace mucha ilusión.

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