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Amanece el día dos de carrera con algo de frío, la humedad del lago no ayuda mucho tampoco. Algunos corredores ya han abandonado por problemas físicos o caídas. Sin embargo, estamos en categoría élite, todos los corredores que tenemos a nuestro alrededor vienen a competir (al menos la mayoría).
El estado de ánimo de nuestros corredores es diferente. Ruymán está contento con su resultado en la anterior etapa y está con muchas fuerzas para empezar a tope. Por otra parte, Ángel está resignado, tiene la rodilla muy tocada y sale a sufrir, literalmente. No obstante, como ya comenté en el post anterior, es un tío muy motivado, tiene la moral por las nubes y unos huevos muy gordos (perdón por la expresión). No es fácil levantarse con frío y pensar que te quedan más de 30 kilómetros de puro sufrimiento.
Es tal la moral de Ángel, que motiva a Ruymán como si fuese su propia carrera. Le “martillea” a consejos, ánimos y golpes constantemente. Cada vez que se cruzan miradas surge un “¡¡Vamooos!!”. Tras una serie de calentamientos y estiramientos, empiezan a “largar” por parejas y según clasificación de carrera.

Ya desde la salida, se notaba que los corredores empezaban a apretar. Ahora que están colocados con sus rivales en la tabla de clasificación, la tensión es máxima. Tienes por delante al que te va ganando y por detrás a uno que quiere adelantarte como sea. Es el momento de decidir qué ritmo llevar, si apretar cuando se escape el grupo que te precede o llevar tu ritmo para no quemarte. Esa estrategia conservadora o agresiva puede marcar el terminar o no la competición. Cuando vas a una carrera a disfrutar y a admirar el paisaje, esto no te preocupa porque llevas tu ritmito y a terminar con tranquilidad. Cuando sabes que estás compitiendo debes pensar de otra manera y arriesgar, no dejar escapar a tus rivales y si puedes, adelantarlos.

La etapa 2 ha sido muy dura, mucha subida y terreno realmente inestable. Cuando ya estaban en la parte alta del cerro, la temperatura alcanzó los 35º y con un sol patagónico duro. Parece poco para las experiencias desérticas que hemos vivido nosotros pero para estar en los Andes es algo extraordinario. Las previsiones de la mayoría de los corredores se vinieron al traste, ni siquiera la organización esperaba que tardaran tanto.
Un ejemplo claro de esta dureza fue el “corte” de carrera a unos 100 o 200 corredores en dos ocasiones. En el kilómetro 7 aproximadamente ya hicieron el primer corte a los corredores que no estaban cumpliendo los 14 minutos por kilómetro que se establece como mínimo por la organización. El segundo corte se hizo a mitad del recorrido siguiendo la misma pauta, esta vez, les dejaron continuar pero por un recorrido más corto y con su obvia penalización.

Para esto hay dos puntos de vista. El del corredor y el de la organización. Al corredor que lo paran en medio de la carrera, sufriendo y con unos meses de entrenamiento detrás, le toca los huevos que lo saquen de la carrera (ahora no pido disculpas por el lenguaje porque esto es un blog y todos somos adultos). Puede protestar, enfadarse o gritar lo que quiera pero las normas son claras y el deporte solo es justo cuando hay normas. Uno debe saber dónde se mete, debemos tener claro que esto es una carrera en categoría élite (también hay una categoría amateur en la que las condiciones son más asequibles), no es unas vacaciones, no es un paseo acotado… A diferencia de otras carreras más pequeñas o de otras categorías, aquí no puedes hacer toda la etapa caminando. Por otro lado, hay que ver el punto de vista de la organización, no puedo tener una carrera abierta 12 horas para que terminen todos los que no están realmente preparados o lesionados. Es un problema logístico, de seguridad del corredor y de normas de competición.

Obviando este “quilombo”, el míster está más fuerte que el vinagre. A pesar de lo duro de la prueba y de su rodilla de cristal, hizo un esfuerzo titánico y se mantuvo con el punto de mira en el corredor que iba delante y mirando por el retrovisor por si venía algún espabilado a pasarlo. Fue eliminando rivales poquito a poco y robando tiempo al tiempo kilómetro a kilómetro.
Este esfuerzo produjo algo que le ha pasado a todos los que hemos corrido fatigados alguna vez… tropezar. Cuando tu cuerpo está reventado, sin querer dejas de levantar los pies, pierdes postura y técnica de carrera. El problema es que solo te das cuenta cuando le das una patada al suelo o cuando estás comiendo tierra. Pues lo segundo…. En un momento avanzado de la carrera, un tropiezo llevo el cuerpo a tierra de Ruymán. Los que lo conocemos, lo hemos visto muy poco tropezar, caerse yo no lo he visto nunca. El cabreo era monumental, no sabía cómo había acabado tumbado en el suelo. Como un resorte se levanta, jura en arameo y tira de nuevo. El problema vino cuando al segundo paso de levantarse vuelve a tropezar, esta vez sin caerse. Para que fue aquello… Si ya está mosqueado por caerse, imaginaos cuando lo hace por segunda vez en menos de 30 segundos. Los gritos se escucharon en Brasil y se acordó de todo el santoral. El corredor que venía siguiéndole y que había sido adelantado hace poco, solo se le ocurrió decir: ¡¡Calmáte vieeeejo!! (cualquiera lo calma…) Tiró para adelante levantando las rodillas cual caballo de doma clásica. Al final de la etapa, todo ese esfuerzo dio sus frutos terminando en el puesto 33 y subiendo 15 puestos en la general.

Como siempre, la llegada a meta fue tranquila, los abrazos a los compañeros de fatigas que quedaron pocos metros por delante y por detrás es una norma no escrita que se cumple con cada corredor. Al fin y al cabo llevas peleando con esos desconocidos muchos kilómetros.

El primer pensamiento de Ruymán tras hacer la colada de rigor es ir a la meta a esperar a Ángel, bien sabe el míster lo que es sufrir una lesión y no poder correr a tope. La llegada de la bestia de Alcorcón fue un auténtico show. Ya desde la etapa 1, acompaña a una corredora norteamericana que participa en un programa de la ESPN. Me imagino a la pobre mujer reventada y nuestro angelito, fresco como una lechuga, amartillando a ánimos a la señora. Otra cosa no, pero la señora termina la carrera si o si. El caso es que esperando sentados a la sombra de un árbol vemos llegar al grupo de grabación del programa a lo lejos y juzguen ustedes mismos:

Los nervios que teníamos y la desesperación se transformaron en alivio y en risas. “¡¡Ya viene el puto Ángel, vamooooooosss!!” la estrella de la tele hacía su aparición estelar y le esperaba su compañero para recibirlo como se merece. “Vaya huevos tienes Angelito” le decía.
Muy emocionante.