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Ya quedan menos de 10 días para que dé comienzo una de las experiencias que marcará nuestras vidas. Tal vez sea uno de los pocos momentos en los que sabes que lo que está por venir, no lo vas a olvidar nunca, con toda certeza.
Quien ha competido alguna vez, tanto amateur como profesional, ha vivido el hormigueo intenso antes de saltar al campo, de tirarte a una piscina, en la línea de salida de una carrera o en un vestuario con tu equipo. Son esos momentos en los que ya no hay freno, todo se precipita, en unos momentos te toca dar lo mejor de ti aunque solo sea para pasar esas horas lo mejor posible. Afloran sentimientos de incertidumbre, de nerviosismo y de agobio por empezar cuanto antes el reto.
Así estamos estos días. Es tan grande este reto, que no podemos esperar a los instantes antes de correr, al día antes de irnos a Marruecos. Hoy, ya estamos expectantes, nerviosos y desesperados por tirarnos a la arena. Es momento de apretar los últimos tornillos de nuestro cuerpo, de engrasar cada detalle de nuestra logística y de afilar cada uno de los detalles de nuestra aventura. Quedan pocos días para la Maratón de Sables pero ya estamos calentando motores.
Es ahora, en este preciso momento cuando miramos atrás, cuando vemos todo el tiempo que hemos entrenado, mil y un días de sacrificios en estos años para ahora luchar contra nosotros. No se confundan, estamos preparados. Estamos totalmente confiados de que el trabajo está bien hecho, con nota. No obstante, son situaciones de calor, hambre y autosuficiencia a la que no nos hemos enfrentado durante 6 días seguidos y 257km por el desierto del Sahara. Ojo, son palabras mayores.
Si es cierto que hemos tenido fases en nuestro entrenamiento en las que hemos hecho tiradas largas. Por suerte contamos con un continente en miniatura a pocas horas de casa y eso es una gran ventaja. Los entrenamientos de varios días en Fuerteventura nos han proporcionado esos test de “prueba-error” que necesitábamos. Un ejemplo de las múltiples pruebas que hemos hecho, ha sido la elección del saco de dormir; hay que recordar que en esta prueba debemos cargar con todas nuestras cosas (incluyendo la comida) durante toda la semana. No es fácil elegir un saco de dormir que, ocupe y pese poco, pero que nos abrigue en las frías noches del desierto. Cuando das con el saco adecuado debes intentar colocarlo en un sitio en el que no te rompa el pantalón por las constantes rozaduras, como ocurrió en los primeros test, pero que tampoco te vaya golpeando constantemente la cabeza.
Con la comida pasa lo mismo, hemos tenido que hacer un doctorado de nutrición que podemos titular: “cálculo de nutrientes para espacio de transporte limitado en situación de mínima carga posible durante 7 días”. Como podéis suponer, el resultado de esta tesis es muy simple: vamos a pasar mucha hambre. Por si fuera poco, nuestra comida liofilizada debe hacerse con agua caliente por lo que tenemos que guardar algo de agua que nos dan para cada etapa si queremos comer. Según las pruebas que hemos realizado en estos últimos días, parece que a pesar de todo, tenemos controlado también el tema de las comidas y el agua.
Ajustes finales ya realizados, todo apunta a que estamos muy preparados, a que podemos superar este reto gracias al plan que hemos marcado. Gracias a todos por el apoyo incondicional en estos meses de entreno.

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